4 de junio de 2026

Cordillera Raura - Perú.





Hay rutas que te cansan las piernas, pero hay otras que te cambian la vida. Recorrer en bicicleta la Cordillera Raura pertenece, sin duda, al segundo grupo. Esta imponente cadena de montañas, oculta en los límites de Lima, Huánuco y Pasco, se ha convertido en el Santo Grial para los amantes del cicloturismo de altura.
Aquí te contamos cómo vivimos la experiencia de pedalear a casi 5,000 metros sobre el nivel del mar, rodeados de glaciares y lagunas que parecen de otro planeta. 
La Cordillera Raura no es para cualquiera. No se trata solo de la distancia, sino del verdadero enemigo silencioso: la altitud.
  • El terreno: Caminos de tierra afirmada, trochas con piedra suelta y ascensos prolongados que exigen una gran resistencia técnica sobre la bicicleta de montaña (MTB).
  • La falta de oxígeno: Gran parte de la ruta se desarrolla entre los 4,500 y los 4,900 metros de altura. Cada pedalada cuesta el doble, el corazón late con fuerza y la mente debe estar más concentrada que nunca.
  • El clima cambiante: El sol de la sierra puede ser muy fuerte por las mañanas, pero en cuestión de minutos el viento helado de los glaciares te recuerda dónde estás. 
 Paisajes que congelan el aliento
A pesar del esfuerzo físico, el dolor de las piernas desaparece cada vez que levantas la mirada. El paisaje es abrumador:
  • Picos Blancos: Las siluetas de los nevados Cullcushjanca y León Huacanan te vigilan durante todo el trayecto. Sus hielos eternos brillan bajo el cielo andino.
  • Lagunas Turquesas: Cruzamos espejos de agua majestuosos como la Laguna Surasaca. El agua de deshielo tiene un color azul turquesa tan intenso que parece editado con un filtro de fotos. ¡Es el lugar perfecto para detener la bici, respirar y tomar la fotografía del viaje! 📸
 El Premio Mayor: El descenso hacia Oyón
Después de soportar el frío extremo de las cumbres y superar el punto más alto, llega la recompensa más esperada por cualquier ciclista: el descenso prolongado.
La ruta nos llevó de regreso hacia el conocido pueblo de Oyón. Pasar del frío gélido de la cordillera a la calidez de los valles interandinos es una sensación increíble. Pero lo mejor vino al final: sumergir el cuerpo cansado en sus famosas aguas termales medicinales. El azufre y el hierro de estas pozas naturales relajaron cada músculo de nuestras piernas, dejándonos listos para la siguiente aventura. 








































Fin de esta extenuante aventura...


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