FICHA DE RUTA:
-Fecha: 23/03/2020
-Descripción: Rincón de las Cuevas de Benizar
-Distancia: 4 kms
-Duración: 2 h
-Desnivel+: 490 m
-Cota máxima: 1103 m
-Dificultad física: baja
-Dificultad técnica: baja
CRÓNICA:
Accedemos a Benízar por la B-30, desde la C-3211 (Región de Murcia) o CM-3217 (Castilla la Mancha), aparcamos saliendo del pueblo dirección Otos, en la curva sobre el puente del Arroyo de Benízar, bajo el Barrio del Molino. Aunque nos desviaron debido a los encierros de vaquillas, por las Fiestas Patronales en honor a Santa Bárbara patrona de esta localidad de origen bereber.
El Barranco del Agua nace en la ladera de la Molata de Charán (1416 m), desciende junto al Paleokarst orillando la aldea de Charán y se precipita desde un anfiteatro rocoso, que a lo largo de miles de años, ha socavado las rocas calcáreas marinas del Mioceno, en el maravilloso Rincón de las Cuevas.
Comenzamos subiendo por la Calle Molino Benízar, bajo la atenta mirada de un gato, salimos por la de Las Flores del Barrio del Molino; seguimos por pista con zonas embarradas, algunos charcos y vegetación perlada; torcemos a la derecha cuando enlazamos con la que viene de la Fuente de Arriba y la carretera al Sabinar; ascendemos por sendero accidentado y estrecho, preludio de lo que nos espera más adelante; el manto neblinoso se extiende bajo los farallones rocosos del Calar de Benízar; la diversa y exhuberante vegetación engulle las trochas cabreras adornadas con profusión de enebros, retamas, sabinas y pinos fantasmales; los restos de pintura blanca nos marcan la dirección a la Pilica del Fraile, cavidad con una gran estalagmita adornada con plantas rupícolas, donde tomamos la fruta.
De vuelta, pegados a las paredes rocosas, vemos que la trocha se complica, no debemos arriesgar con todo mojado, suelo resbaladizo y zarzas, conduce a las escaleras que salvan la cornisa; retrocedemos brevemente para ir descendiendo a la pista, que nos va a introducir en el grandioso Rincón de las Cuevas, emocionante paraje donde aún se preservan las vestiduras otoñales, con el añadido de la bruma, el olor a tierra mojada y el murmurante discurrir del agua.
La naturaleza calcárea de las rocas propicia la formación de cavidades; han sido utilizadas como refugios de ganado y aún queda un aprisco levantado; también sirven para promover las creencias y rituales de los vecinos que han construido un pequeño altar con cruz incrustada.
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